Para las blancas que han virado a gris, Pía Nieto elige el percarbonato por su efecto blanqueante. Su mezcla es “el detergente junto con el percarbonato o bicarbonato y vinagre en lugar de suavizante”, señala. Antes de meterlas en el tambor hay que extenderlas: “Extendemos las sábanas por ambas caras para ver si tienen manchas”, advierte, con atención a las fundas de almohada, donde se acumulan restos de rímel, cremas y tratamientos capilares, y a la carga, que debe ser media: “el brazo entra y sale con facilidad”, dice.
Gastón Williams piensa en el sudor de las noches de calor: “Cambia las sábanas una vez por semana o cada 4 o 5 días si transpiras de noche”, recomienda, y suma “media taza de bicarbonato en el lavado para neutralizar olores y potenciar el jabón”, con agua caliente siempre que la etiqueta del tejido lo permita. Con el cambio de ropa de cama aprovecha para airear y aspirar el colchón, “para remover suciedad y ácaros”, y para lavar las almohadas de vez en cuando con un centrifugado suave de 800 revoluciones, así conservan su forma.
Cris defiende el vinagre: “Ayuda a eliminar los restos de detergente y suavizante que se van acumulando en los tejidos con los lavados”, explica, y aclara que “el vinagre no deja olor en la ropa una vez terminado el lavado”. Paula y Cris coinciden además en secarlas al aire libre para evitar los olores a humedad.
La parte de higiene empieza por la frecuencia. Vitónica recogió el 1 de julio de 2024 el consejo de la doctora Lindsay Browning, psicóloga y neurocientífica experta en sueño: lavarlas una vez por semana o, como máximo, cada dos semanas, porque los ácaros pueden alimentarse de las células muertas de la piel y proliferar en la ropa de cama. La organización de consumidores británica Which? lo repetía en marzo de 2026: sábanas, fundas de almohada y fundas de edredón, una vez por semana para la mayoría de las personas.
Sobre usar bicarbonato y vinagre a la vez hay una advertencia. El ingeniero químico Diego Fernández dijo en su Instagram, a propósito de limpiar la lavadora, que combinarlos es “mezclar a Superman con la kryptonita: se anulan entre ellos”, porque uno es ácido y el otro básico y la espuma es dióxido de carbono, no suciedad que se desprende. Lo recogió Xataka Home el 28 de mayo de 2026. Paula Seitón los mantiene separados: bicarbonato al tambor y vinagre al cajón del suavizante.
La misma nota avisa de que los ácidos usados con mucha frecuencia o en grandes cantidades pueden dañar juntas, gomas y retenes de la lavadora, por lo que aconseja usar el vinagre con cuidado.
Donde más se separan las rutinas de las redes y la evidencia es en la temperatura. Consumer reseñó en mayo de 2007 un estudio surcoreano presentado en el congreso de la Sociedad Estadounidense de Enfermedades Torácicas: a 30 y a 40 °C se eliminó solo entre el 6,2% y el 6,5% de los ácaros del polvo de la ropa, y a 60 °C todos. Con esas cifras, el programa de 40 °C de Paula Seitón no es el que acaba con los ácaros.
Which? aplica la misma lógica: 60 °C para la mayoría de los tejidos, porque las temperaturas más bajas pueden no eliminar todas las bacterias ni el sudor con la misma eficacia.
Para quien es sensible a los alérgenos o tiene asma, Which? añade que lavar la ropa de cama más de una vez por semana a 60 °C o más puede ayudar a aliviar los síntomas, y recuerda que Allergy UK, la organización británica de alergias, sugiere fundas barrera antiácaros. En un folleto del Gobierno Vasco con recomendaciones para la alergia a los ácaros se aconseja lavar la ropa de cama a 60 grados y tenderla al sol, el mismo secado al aire libre que Paula y Cris usan contra el olor a humedad. Son pautas generales: quien tenga asma o alergia diagnosticada debe seguir lo que le indique su médico.
Antes de subir el programa, la etiqueta manda, y la propia Which? marca excepciones: las sábanas de seda se lavan a 30 °C con detergente suave.
Foto | Annie Spratt

